400 años de la quema de 'sorgiñas'
arantzazu amezaga iribarren

HACE 400 años ocurrió, en Logroño, el abominable acto de la quema de brujas. Y lo recordamos en su crudeza: se arrestaba, sin precaución sobre el informante, torturaba y vejaba al sospechoso de brujería, hasta el límite preciso en que toda confesión resultaba buena para los fines expiatorios. Conseguido eso, se obligaba al reo a una humillación pública entre las que se puede contar su tránsito en burro desde la cárcel al patíbulo, despojado de cualquier consideración humanitaria. Se le ofendía hasta el mismo momento de su muerte, en la que un sacerdote, antes de que el verdugo echara fuego a los haces de paja apiñados a la estaca donde se le ataba, le preguntaba si quería retractarse.

HACE 400 años ocurrió, en Logroño, el abominable acto de la quema de brujas. Y lo recordamos en su crudeza: se arrestaba, sin precaución sobre el informante, torturaba y vejaba al sospechoso de brujería, hasta el límite preciso en que toda confesión resultaba buena para los fines expiatorios. Conseguido eso, se obligaba al reo a una humillación pública entre las que se puede contar su tránsito en burro desde la cárcel al patíbulo, despojado de cualquier consideración humanitaria. Se le ofendía hasta el mismo momento de su muerte, en la que un sacerdote, antes de que el verdugo echara fuego a los haces de paja apiñados a la estaca donde se le ataba, le preguntaba si quería retractarse.

