Por
Humberto Astibia Aierra:
En los últimos años Pamplona viene sufriendo una injustificable destrucción de sus bienes histórico-arqueológicos. De poco ha servido la amplia movilización popular en contra de algunos de estos atentados. El vaciado del complejo arqueológico de la Plaza del Castillo y el derribo del Frontón Euskal Jai son ejemplos dolorosos de ello. Sin embargo, esta ola de pérdidas contrasta con el mimo con que las autoridades españolas en la Alta Navarra vienen acometiendo últimamente la restauración y puesta en valor de las murallas y la Ciudadela de Pamplona (centro de interpretación, nuevas publicaciones, etc.).
La documentación histórica permite concluir que las actuales murallas y la Ciudadela de Pamplona fueron levantadas, sobre todo, para afianzar el control militar español sobre un recién conquistado Reino de Navarra; que fueron erigidas a partir del siglo XVI para mantener atados a los naturales y evitar cualquier intento de recuperación de su soberanía arrebatada. Huici (“En torno a la conquista de Navarra”, 1993) recoge las palabras del ingeniero Antonelli, que en 1572 escribía a la Corte española: “Construya la fortaleza, se defenderá del exterior y sujetará a los navarros”. Sus pétreos lienzos constituyen la más monumental plasmación del dominio de España sobre la Nación navarra.